La Juventud en Duarte
Estas notas para el periódico Patria de la AR en su versión digital como un compromiso de hilvanar ideas del patricio como referente necesario en los desafíos ético-políticos del presente, en la necesidad de que la juventud lo asuma sin titubeos para los cambios necesarios.
Es que si no hay jóvenes con vocación de patria, entonces ésta languidece hasta morir, sin más gloria que la historia del parto. Los padres tienen el deber moral de educar a sus hijos en el amor patrio, a partir de la divisa duartiana: Todo por la Patria.
La Patria es siempre juventud, es el divino tesoro que todo lo puede; solo ella puede elevarse en el sueño y materializar la poesía de la libertad.
La Patria se redime día a día en el amor de sus hijos, niños, adolescentes y jóvenes, pues ellos constituyen la levadura del pan necesario del mañana y la consagración de la eternidad del habitad de la nación, la patria.
De ahí que pensar en la juventud desde Duarte es tarea de siempre, por eso educar en los valores patrios es lo que hace grande a una nación y forja la identidad.
Las fotos que circulan de Juan Pablo Duarte son las de la ancianidad y es la imagen que se tiene; así la juventud lo recuerda o lo asume como un abuelo, y hasta como un hombre que no refleja o no expresa sus intereses.
Y por tanto la imagen que tenemos grabada de él refleja el abuelo eterno, detalle en el que no reparamos porque se piensa que el patriotismo entra en la conciencia ciudadana de manera espontánea, y no es así.
Las ideas hay que trabajarlas, el patriotismo en tanto valor intangible debe ser trabajado desde las ideas y las imágenes, los símbolos y la espiritualidad.
Hay que pensar en Duarte eternamente joven y así trabajar la conciencia de los niños y los jóvenes, en aras del futuro permanente de la patria. Es labor cotidiana y siempre, en la eternidad de las ideas y de los valores patrios.
Juan Pablo Duarte fue niño, y lo fue disciplinado y estudioso; inquieto y amoroso. Como todo niño correteaba en Santa Bárbara, iba a su iglesia, fue monaguillo, se aprendió el catecismo de memoria, respetuoso de los mayores; sobre todo siendo apenas un adolescente ya pensaba en los asuntos serios de la patria.
Cuando tuvo que salir del país en junio del año 1829 apenas había cumplido los dieciséis años y es famosa la anécdota de su conversación con el Capitán del barco, quien le dijo que no tenía patria ni nombre y que besaba los pies de sus antiguos esclavos, refiriéndose al dominio del país por parte de Haití. Y que ahí mismo se juró retornar para liberar su amada patria.
Duarte, se afirma, que dijo: Tenemos nombre y somos dignos de llevarlo, somos dominicanos.
Cuando retorna a la patria en el año de 1832 no cumplía los veinte años y asume enseguida los trabajos políticos organizativos que han de llevarlo a fundar el Partido Duartista para proclamar la República.
Y procura organizar en su seno a la juventud de la época y tiene acierto, pues logra reunir para la gran tarea a un selecto grupo de jóvenes, a los que adoctrina en el almacén de su padre en La Atarazana.
Duarte con apenas 25 años tiene una madurez y una capacidad política fuera de serie y por ello tiene la aptitud de reunirse con las personalidades más recias de la nación, magistrados y funcionarios dominicanos al servicio del gobierno de ocupación, a quienes procura convencer de su proyecto o al menos neutralizar.
Confiado siempre en la juventud invoca a ellos con la serenidad de un padre amoroso y comprensivo, y así lo invita: Seguid, jóvenes amigos, dulce esperanza de la patria mía, seguid con tesón y ardor en la hermosa carrera que habéis emprendido y alcanzad la gloria de dar cima a la grandiosa obra de nuestra regeneración, de nuestra independencia nacional, única garantía de las libertades patrias.
Es la visión del maestro, seguro de que trabajar los discípulos es el único camino cierto para la continuidad de su obra. Por eso es el primer Maestro de la República.
Y esa visión la conjuga con el amor imperecedero y el sueño de su vida, la patria. De ahí su sentencia: “El amor a la patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera”.
Y cuando dice “generación venidera” es la referencia clara y precisa a la juventud que viene, al relevo generacional, para la continuidad de las ideas y el afianzamiento de los valores patrios.
La juventud es la garantía, la confianza del futuro, la zapata del edificio fuerte que debe ser la patria, por eso educar en el pensamiento y el ejemplo del patricio es la tarea más imperiosa y el mejor reflejo del amor patrio.
Nunca debemos asociar el nombre y el rostro de Juan Pablo Duarte a lo viejo, a lo caduco, a lo que muere, pues la patria es siempre y eternamente joven; de ahí que la asociación de Duarte con la Juventud y educar a la última en el primero es tarea de todos los días y es así como debemos gotear el amor a la patria como el rocío a las flores, cada amanecer”.
Alfonso Torres Ulloa
20110721-019 / PD 1-2011 p. 8




Alfonso tiene razon dice un historiador nica que todo proceso de liveracion nacional lo primero que debe hacer es recrear las tradiciones populares y estos crea una explosion culturar que hace la revolucion indetenible.la burguesia nos ha rovado la memoria historica matn a los revolucionarios y luego cuentan la historia a su manera